Y llegó marzo. En Chile, esa fecha marcará el ingreso de miles de jóvenes a la universidad.
Hace dos décadas, cuando me tocó vivir esa etapa, la mentalidad dominante era que ibas a recibir una formación y un certificado que definirían gran parte de tu vida.
Actualmente, IA es una fuerza que redefine industrias enteras en cuestión de semanas. Las cosas están cambiando mucho. Y eso lleva a que esa mentalidad deba cambiar.
Hace poco, leí al emprendedor e influencer tech Greg Isenberg decir que si tuviera 18 años hoy, no gastaría 200 mil dólares en una universidad. En cambio, construiría proyectos reales con agentes de IA, aprendería haciendo, y dejaría el título solo para quienes necesitan una credencial obligatoria para ejercer un trabajo (médicos o abogados).
Por otro lado, en una reciente entrevista en India, el CEO de OpenAI, Sam Altman, dijo que aunque estas herramientas expandirán increíblemente las capacidades de una sola persona, lo más importante para los jóvenes es aprender a pensar.
Agregó que, a medida que la IA se encargue de la investigación y la ingeniería dura, las habilidades estrictamente humanas como la empatía, la inteligencia emocional, la capacidad de conectar y el trabajo en equipo serán los verdaderos diferenciadores.

¿Quién tiene la razón?
Creo que ambas opiniones muestran puntos ineludibles. Y también ambas tienen puntos ciegos.
Isenberg asume que el valor de la universidad se reduce a su certificado. Y si eso fuera cierto, tendría toda la razón: para aprender a usar herramientas no necesitas un campus.
Pero reducir la universidad a un papel firmado es como reducir un libro al índice. Lo más valioso es lo que ocurre mientras obtienes esa credencial: las conexiones con personas, con ideas y una tradición cultural que no hubieras encontrado solo.
En tanto, Altman habla de la empatía y el pensamiento riguroso casi como si fueran aplicaciones que se pueden descargar.
Pero la creatividad, el criterio y el pensamiento crítico surgen en conexión con una cultura y una historia que nos precede. No en un vacío.
El activo más valioso para las personas que van a trabajar en industrias, sectores y roles basados en el manejo de conocimiento y de personal no pasa tanto por las herramientas que van a usar, sino el criterio que deben cultivar.
La nueva oportunidad para las universidades
Sin querer caer en el maximalismo de pensar que la educación superior ya no sirve de nada, ni tampoco en proponer un laissez faire radical, creo que para que la universidad siga siendo protagonista debe cuestionar y redefinir el rol que juega en la sociedad.
Siendo fiel a su origen, no puede ignorar las grietas que claramente comienzan a surgir en el modelo credencialista. Su futuro no puede estar hipotecado sobre promesas de estabilidad laboral ni económica imposibles de sostener.
Más bien debe volver a focalizarse en el conocimiento: tanto en su desarrollo a través de la investigación científica, como en su aplicación y su conservación.
Y junto a eso, tiene la oportunidad de obsesionarse con que cada estudiante reciba allí las mejores oportunidades para transformar integralmente sus vidas.
Durante los años de formación universitaria, los estudiantes deberían aprender a construir y utilizar estratégicamente su narrativa de vida. Tener claridad de su propósito, de los problemas que les importa resolver. Y aprender a colaborar con personas diversas alrededor de esos problemas, tocando todo el tiempo el mundo real.
Todo eso, en conexión cultural profunda, tanto con su lugar de origen como de otras culturas relevantes en este mundo hiperconectado y al mismo tiempo polarizado.
Dicho de otro modo, la universidad debe servir como el principal optimizador, tanto de autoconocimiento como de capacidad de integración social.
Esto es relevante porque la IA podrá hacer muchas tareas por ti, pero nunca podrá ser tú. Ni nunca podrá construir relaciones por ti.

Antes de despedirnos
Si tienes como hábito informarte y ver las noticias, sabes que el mundo está bajo gran inestabilidad. En la gran mayoría de los sectores de la economía y de la vida en sociedad están empezando a ocurrir disrupciones enormes.
Son cada vez más las compañías en las que miles de personas comienzan a quedarse sin empleo. Y al mismo tiempo, individuos sin equipos ni organizaciones detrás están siendo capaces de crear revoluciones tecnológicas como el caso de OpenClaw (te recomiendo vayas a buscar de qué se trata si no conoces de qué hablo).
Creo que si alguien te dice que la universidad está obsoleta, denota cierta prisa de la que vale la pena desconfiar. No creo que eso sea cierto. Esta institución lleva muchísimo tiempo existiendo. Eso habla de una capacidad de adaptación a cambios que es clave.
Lo que estamos viviendo ahora, en este momento agéntico de la carrera IA probablemente no será el último cambio. Vienen más. Y la forma en la que impacte el mundo debería alcanzar a ser procesada por las universidades.
Pero esto implicará que esta importante institución pueda replantearse el valor que aportará a la sociedad y a las trayectorias de vida de sus estudiantes en esta época de cambio acelerado.
Mis tres centavos los apostaré en que la idea de que la universidad debe ofrecer algo que la IA difícilmente podrá hacer: permitir a los estudiantes construir una perspectiva culta, profunda y original sobre el mundo, para luego desarrollar la capacidad de moldearlo.
Con gratitud,
Gus

