Cuando el autoritarismo toque tu puerta

enero 20, 2026

“Cuando todo cambia afuera, lo único que siento que puedo controlar es lo que pasa adentro.”

Me lo dijo una de mis clientas hace un par de semanas, buscando algo de paz con las decisiones difíciles que ha debido tomar en el último tiempo. Llevaba meses navegando salidas en su equipo mientras trataba de mantener cierto orden en medio de una reestructuración muy retadora.

Mientras ella intentaba sostener la realidad de decenas de personas, el mundo entero observaba cómo una operación militar sacaba a Maduro de Venezuela.

No es coincidencia.

Para muchos, la primeras semanas del año han sido de alta intensidad. Y aunque Círculo de Líderes no es un espacio para análisis político, lo que está pasando permite hacer preguntas valiosas para quienes nos dedicamos a la formación de liderazgos.

Primero, porque son signos evidentes de que el mundo está viviendo una transformación profunda.

Y segundo, porque en el cenit de la tercera década del siglo 21 parece haber un capítulo especial reservado para un tipo de liderazgo que se creía superado.

El doble filo de lo vertical

Los liderazgos autoritarios tienen varias ventajas de las que hablamos muy poco.

Si una sola persona decide, hay una claridad inigualable. No quedan dudas de lo que hay que hacer. No quedan dudas respecto a quién marca el rumbo. Ni tampoco respecto a quién valida y autoriza cualquier tipo de cambio.

Sin debates. Sin opiniones incómodas. Sin fricciones.

En tiempos de crisis, estos liderazgos pueden salvar empresas y países.

Pero confiar en este repertorio como la llave maestra para desbloquear un nuevo futuro tiene un costo oculto.

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Cuando se concentra así la autoridad, también concentras un mismo repertorio de sesgos.

Las personas primero, los equipos luego y los sistemas al final, se vuelven tontos, pues dejan de tener incentivos para pensar por sí mismos.

Entonces, la creatividad se atrofia y reina el miedo a proponer algo diferente.

La verticalidad, la imposición de decisiones de manera centralizada, el volver a entender la fuerza como la mejor forma de resolver conflictos parece estar irradiando al mundo entero.

¿Por qué sucede esto ahora?

Navegando sin instrumentos

El Foro Económico Mundial señala que la inestabilidad geopolítica ya supera a la ciberseguridad como el riesgo más citado para el crecimiento global. El 71% de los líderes globales reporta niveles de estrés más altos que nunca.

Liderar se siente como una responsabilidad pesada.

En tiempos de bisagra entre etapas de nuestra historia es normal sentir que estamos navegando sin instrumentos. Pero justo cuando más presión sentimos para controlar, menos cosas están realmente dentro de nuestro locus de control.

Y menos conveniente es realmente apostar por hacer de la autoridad y la lealtad el único sistema operativo.

Esta paradoja genera grandes tensiones. Y las vivo a diario.

Aquí Se Aprende Liderazgo está todavía en una etapa vulnerable. Simplificar en exceso la complejidad del momento actual puede ser sinónimo de morir. Y congelarse frente a ella, también.

Así que yo mismo he usado el modelo PIES Firmes para contemplar caminos hacia el futuro:

Estructuras: ¿Qué procesos realmente están 100% dentro de mi locus de control interno? ¿Qué decisiones permanentes pueden volverse un peso capaz de hundirnos si todo se vuelve caótico?

Personas: ¿Qué personas son claves para el proyecto, independiente de la incertidumbre del escenario? ¿Cómo puedo demostrar un compromiso radical con las personas como el principal activo del proyecto y hacer de la capacidad de construir relaciones el centro de la estrategia de creación de valor?

Influencia: ¿Con quién necesito construir alianzas ahora para sostenerme cuando llegue la turbulencia? ¿Qué me hace valioso para ellos más allá del contexto actual?

Sentido: ¿Qué significado estoy dando al momento que estamos viviendo? ¿Cómo logro mantener apertura ante las oportunidades cuando a mi alrededor todo parece estar escrito en clave de crisis?

Estas preguntas me ayudan a no caer en la trampa de creer que más control equivale a más seguridad. Y también evitan que me vaya al otro extremo.

Protege tu equilibrio al abrir la puerta

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“Lo más importante en la vida es el equilibrio” me decía con honda satisfacción filosófica uno de mis tíos más queridos cuando era niño.

En medio de la vorágine actual, he recordado muchas veces esa frase. Porque el momento exige una habilidad fina: saber cuándo acelerar y centralizar, y cuándo soltar y distribuir.

En la práctica, esto significa:

Cuando aceleras y centralizas: Define con precisión cuánto tiempo durará esta fase. Comunica explícitamente por qué tomas este camino. Mantén mecanismos de feedback aunque no los uses para decidir. No confundas urgencia con normalidad.

Cuando sueltas y distribuyes: Aclara qué decisiones están fuera de debate. Invierte en desarrollar criterio en tu equipo antes de delegar. No abandones la responsabilidad final bajo el disfraz de “liderazgo horizontal”.

Flexibilidad, reflexividad, adaptación y templanza.

El presente nos recuerda lo valiosas que son estas características para quienes queremos liderar.

Nada es permanente, ni siquiera la estrategia más ganadora. Pero tampoco partimos de cero.

En tu equipo, en tu empresa, en tu escuela, debes saber navegar la tensión entre más control y más delegación. Lo más importante es no sucumbir al miedo. Ni dejarte paralizar por él.

El autoritarismo toca a muchas puertas en estos días. Algunas por desesperación genuina. Otras por comodidad disfrazada de pragmatismo.

Antes de abrirle tu puerta, ¡reflexiona!

Nos leemos la próxima semana.

Gus

P.D. — Quiero agradecer las respuestas que llegaron con temas para las próximas ediciones de Círculo de Líderes. ¡Sigan animándose a mandar más!