Círculo de Líderes #38
La semana pasada iniciamos una etapa de ajuste en Círculo de Líderes, orientada en enfocarnos de lleno en el valor que más puede beneficiar a la creciente comunidad de suscriptores de este newsletter.
El artículo anterior propuso tres errores frecuentes que debilitan tu liderazgo y generó muchos comentarios e invitaciones a conversar al respecto a través de reuniones y cafés virtuales.
Interpreto eso como una señal de que lo que estamos poniendo por acá conecta con la experiencia real de quienes están liderando equipos, organizaciones y empresas en estos momentos complejos. Así que vamos ahora con los cuatro errores de esta semana:
4. No saber la historia que estás contando
Como líder, siempre estás contando una historia. Lo sepas o no. La controles o no.
Valentina asumió como rectora de un colegio privado en el sur de Chile. Asumió después de la salida del director fundador, con un equipo que todavía procesaba el duelo de la dirección anterior y las secuelas de un incendio que casi acaba con el proyecto.
Cuando le pregunté por la narrativa del colegio, fue directo: “Las narrativas están difusas. Hay pocos ritos. Los valores están en el papel pero les falta bajada.”
Lo interesante es que Valentina tenía clarísima su aspiración: aportar al desarrollo del máximo potencial humano de estudiantes y del personal.
Sin embargo, entre la burocracia administrativa, las urgencias presupuestarias y un equipo heredado con objetivos poco definidos, esa aspiración se perdía en la operación diaria.
Si tu equipo no entiende el “para qué” detrás de lo que haces, van a inventar su propia versión. Y rara vez será generosa con tus intenciones.

5. Medir solo resultados y olvidar el proceso
En una empresa de consultoría en Guadalajara, el director comercial había instalado un indicador de performance que a primera vista parecía impecable: utilidad bruta por persona. Cada integrante del equipo sabía exactamente cuánto generaba. Había claridad, exigencia y resultados.
Cuando trabajamos el diagnóstico de inclinaciones de su Sprint de Liderazgo, la dimensión de Personas quedó en el percentil más bajo.
Él mismo lo nombró como “una añoranza”: sabía que había descuidado las relaciones, pero no encontraba cómo recuperarlas sin soltar la exigencia.
Mientras tanto, en los momentos de adversidad comercial, las tensiones con colegas de otras unidades se resolvían priorizando lo operativo sobre lo personal.
Los números cuadraban. Pero las personas no tanto.
Los indicadores te dan perspectiva de una dimensión de cómo tu organización funciona. Pero rara vez te muestran la imagen completa.

6. Delegar tareas sin delegar contexto
Seguro más de alguna vez te han hecho una petición así: “hazme un reporte de esto para el viernes.”
Sin explicar para qué, para quién, ni qué decisión o proceso depende de ese reporte.
Resultado: un entregable que no sirve, un jefe molesto y un colaborador desempoderado.
Pasa algo similar cuando los checklist crecen demasiado su importancia. Lo que debiera ser una guía para construir consistencia con autonomía se vuelve una tiranía.
Llenar cada cajita por llenar cada cajita. ¿Pero por qué? ¿Qué estamos intentando hacer? ¿Qué tiene que salir bien? ¿A quién estamos impactando con el resultado de este proceso?
Delegar bien es mucho más que repartir tareas. Es transferir contexto y sentido y acompañar el desarrollo gradual de la autonomía.
7. Creer que ya sabes suficiente
Rodrigo, el mismo de la semana pasada, me dijo en una sesión: “Soy cuadrado. Me saca de quicio cuando algo se sale de lo planificado y se pierde el control.”
Cuando has resuelto crisis complicadas, cuando conoces tu industria, cuando llevas años haciendo que las cosas funcionen, dejas de cuestionar tus supuestos.
Pero en su caso, esa rigidez tenía un costo concreto: en su empresa, todos le decían a los dueños “lo que querían oír.”
Acomodaban los datos para evitar conflictos. Y los proyectos terminaban costando siempre mucho más de lo presupuestado.
Si creas un sistema en donde nadie se siente seguro para desafiar el plan, nunca nadie sabrá más que tú. Y eso mata el potencial de crecimiento.
El patrón detrás de los errores
Si miras estos siete errores con atención, vas a encontrar un hilo común: en todos ellos estás operando en automático.
Un líder debe trabajar activamente para ser siempre consciente de sí mismo y su circunstancia. ¿Cuándo fue la última vez que te sentaste a evaluar honestamente cómo estás ejerciendo tu liderazgo?
Si reconociste alguno de estos errores en tu práctica, eso ya es un paso enorme. Lo siguiente es decidir qué vas a hacer al respecto.
En nuestros Sprints de Liderazgo trabajamos exactamente esto: identificar los patrones que limitan tu gestión y construir un sistema que te permita liderar con más claridad. En mayo los abriremos nuevamente. Pero en abril estamos abriendo espacios para quienes deseen vivir una experiencia de transformación en equipo.
Con gratitud,
Gus

