Mientras escribo todavía siento la emoción del lanzamiento de Aquí se Aprende Liderazgo. A todos quienes estuvieron allí, a quienes enviaron buenos deseos y a los que se suman recién. ¡GRACIAS!
Cuatro años después, se cierra ese capítulo. Y comienza otro, del que te cuento a continuación.
Sí, sí. Todo muy bonito, Gus. Lanzaste Aquí se Aprende Liderazgo y diciembre te cayó encima. El reloj hace tic-tac, las decoraciones navideñas ya están por todas partes, los eventos de fin de año aprietan el calendario. Encima, hay que seguir operando y comenzando a delinear el 2026.
Esto que te cuento es la realidad que me toca vivir (no es queja, amo esto). Pero suena parecido a lo que me dijeron tres clientes distintos durante el primer día del mes: estamos sobrepasados.
¿Puede ser que un pavo real y una golondrina nos ayuden a entender y resolver esto?
No confundas moverte con avanzar
Pareto observó hace un siglo que la mayoría de los resultados provienen de una minoría de causas. Ese patrón se replica en casi todas las áreas de trabajo. Y aunque el principio de Pareto es de esas cosas que solemos decir para sonar más inteligentes, la verdad es que rara vez lo usamos como principio y herramienta para organizar decisiones reales en momentos de planificación.
Hacerlo exige admitir algo incómodo: mucho de lo que planificamos hacer no tiene cómo demostrar una conexión concreta para conseguir resultados.
En México, el ejemplo clásico de esto son las reuniones o los reportes. Actividades y tareas que consumen enormes cantidades de recursos valiosos como tiempo, pero sin generar consecuencias significativas la gran mayoría de las veces. Acción que genera la ilusión de movimiento, pero sin avanzar.
A medida que el año comienza a cerrarse, es un buen momento para preguntarnos: ¿Qué de todo lo que hicimos este año produjo resultados? ¿Qué fue sólo un estorbo?
El sesgo del “más”
En mi vida me ha tocado mudarme al menos 10 veces. Y a pesar de tanta práctica, nunca deja de sorprenderme la incomodidad que me genera encontrarme con los espacios vacíos de un nuevo lugar. Algo en mi clama por romper ese vacío, para así sentirme más cómodo. Más en casa.

¿Cuánto de lo que existe en los planes anuales de nuestras organizaciones está allí sencillamente para que no dejemos de sentirnos cómodos, en casa?
Más proyectos, más KPI, más reportes, más reuniones, más movimiento sin avance.
El vacío nos incomoda: parece falta de ambición.
Alguna vez escuché en una entrevista a un gran emprendedor decir que su secreto del éxito era ser flojo. Obtener los mayores resultados de la menor cantidad posible de acciones.
Este año vi muchos planes anuales. Uno de ellos tenía 47 iniciativas. Y la organización tenía un equipo directivo de solo 5 personas. ¿En qué momento el circo de lo habitual se volvió una trampa organizacional?
Pero hay una salida.
A regañadientes, mi cliente aceptó la incomodidad de elegir sólo cinco iniciativas que, si se ejecutaban bien, volvían irrelevante la mayoría del resto. Costó, pero terminamos con un plan que cabía en una página y tenía posibilidades reales de cumplirse.
El filtro que uso con mis clientes
Quienes han trabajado conmigo saben que soy un radical del menos es más. Por lo mismo, cuando me toca acompañar procesos de planificación estratégica (o ahora que planifico el 2026 de Aquí se Aprende Liderazgo) uso tres preguntas para separar lo que importa de lo que sólo ocupa espacio:
¿Qué pasaría si no hicieras esto? Acá todos tenemos que enfrentar al monstruo de la irrelevancia. Responder con honestidad a esta pregunta es aterrador. Pero cuando abrazamos la honestidad, lo vemos con claridad. Muchas veces no pasa nada. Poner eso sobre la mesa vale mucho.
¿Esto puede producir un cambio medible o sólo lo haremos porque “suena bien”? Esto no puedo no hacerlo. Vengo del mundo de las políticas públicas. No hay nada peor para el desperdicio de recursos que surge cuando sea asignan miles de millones de pesos a las ocurrencias.
Si sólo puedes hacer una cosa, ¿sería esta? Menos es más elevado a la quincuagésima potencia. Una especie de memento mori organizacional. Un recordatorio radical de que tus recursos, tu atención y energía son finitos. Aprender a renunciar, como requisito para lograr el éxito.
No seas un pavo real
El problema no es planificar, sino hacerlo como pavo real. La presión de lucir tu plumaje para impresionar a través de documentos largos (que nadie lee) llenos de términos que suenan estratégicos (que pocos entienden).

No soy experto en aves, pero si tuviera que elegir, creo que apostaría por una planificación tipo golondrina. Liviana, ergonómica. Pocas apuestas claras, métricas simples, responsables visibles. Lo básico para operar con claridad, sin ruido. Pura señal.
Un plan estratégico sólido puede expresarse de manera sintética.
Esto puede ayudar a la comprensión requerida para actuar de manera consistente. Sin rellenos, sin disfraces ni utilería.
Antes de cerrar el año, revisa tu plan y responde: ¿Estás siendo pavo real o golondrina?

Con gratitud,
Gus

