Tu atención vale más que tu inteligencia

febrero 03, 2026

Esta edición de Círculo de Líderes la escribí con una meta muy especial en mente: contar el total de distracciones entre el inicio y el fin de la tarea. Al final veremos cómo me va.

Si he llegado a este punto es porque con los años me he dado cuenta de que el famoso multitasking no es más que la romantización de algo más bien problemático. 

Todos queremos y necesitamos ser productivos. Pero encarar las tareas más relevantes de cada día con una capacidad mental fragmentada genera justo todo lo contrario. 

El costo invisible de la distracción

Hace un tiempo me topé con una investigación de Microsoft y la Universidad de Londres que me hizo reflexionar harto sobre mi día a día. 

Los investigadores estimaron que las interrupciones digitales constantes pueden reducir tu coeficiente intelectual efectivo entre 10 y 15 puntos en el momento. 

Eso es el equivalente cognitivo de no dormir una noche completa.

En otras palabras, cada vez que cambias de contexto, partes funcionando con la claridad mental de alguien que apenas durmió.

Un referente global en temas de productividad, Cal Newport, estima que nuestro cerebro demora entre 15 y 23 minutos en alcanzar un estado de concentración profunda.

Siendo súper honesto, creo que son muy pocas las veces en las que tengo periodos de tiempo de entre 15 y 23 minutos de una concentración total y absoluta en una sola tarea (primera interrupción: este párrafo lo edité después de recibir a una persona que me visitó y de contestar dos mensajes en whatsapp, uno de los cuales implicó revisar la agenda).

Como dijera Edgar Morin al inicio de este siglo, para vivir en la modernidad hay que saber convivir con las paradojas. Y una muy evidente es que en la actualidad tenemos más información, más datos, más canales de comunicación que nunca. Pero somos capaces de dedicarles cada vez menos atención plena. 

Respeta tu promesa de valor

La semana pasada tuve una sesión con un director de una empresa familiar en México. Estábamos analizando un conflicto en su equipo, algo delicado que requería toda mi atención. A la mitad de su explicación, mi mente divagó. Estaba pensando en un email que tenía que mandar antes de que cerrar el día.

Cuando terminó de hablar, tuve que pedirle que repitiera lo último que me dijo. Me dio mucha vergüenza hacerlo. Pero no hacerlo hubiera sido peor.

No quiero que suene a excusa, pero llegué a esa sesión con mi tanque atencional vacío. Había dado tres sesiones ese día, revisado no sé cuántos emails, agendado cosas para un viaje que pronto estaré haciendo a Chile. Y para cuando llegué con él, ya no me quedaba claridad mental.

Me disculpé, reconocí lo que pasó. Él fue generoso. Pero yo salí de ahí sabiendo que algo tenía que cambiar. Si no podía estar 100% presente con un cliente que me pagaba por aplicar habilidades como escucha profunda y pensamiento reflexivo, realmente no estaba cumpliendo con mi promesa de valor. 

Recupera tu capacidad de atención

Hace algunas semanas diseñé junto a algunos de mis asistentes de IA algo que ahora llamo Auditoría de Atención. No es complicado, pero tampoco es un ejercicio cómodo. Te comparto cómo funciona:

Paso 1: Mapea tus interrupciones reales

Durante un día completo de trabajo, registra cada interrupción. No solo las externas (notificaciones, llamadas), sino las internas (cambio de pestaña, revisar teléfono “por si acaso”, pensar en otra cosa mientras haces algo). Usa un contador simple. Un papel y una rayita por cada interrupción. [hasta el momento sigo sin sumar más distracciones, aunque mi mente si ha divagado en temas pendientes]

Paso 2: Distingue trabajo profundo de busywork

Revisa tu calendario de la última semana y márcalo con dos colores: uno para tiempo de concentración profunda (escribir, pensar, diseñar, analizar) y otro para tiempo reactivo (emails, mensajes, llamadas, reuniones cortas). A mi me sirve usar el mismo color, uno claro para las tareas ligeras, otro más oscuro para las tareas profundas.

Paso 3: Diseña bloques de enfoque protegidos

Aquí es donde más ganas le puse. Decidí que las mañanas de los lunes de 9 a.m. a 12 p.m. serían totalmente dedicadas al trabajo de creación: contenido para Linkedin y redes sociales, documentos relevantes para proyectos activos, diseño de cualquier activo basado en creatividad). Sin email, sin Slack, sin redes sociales. Teléfono en modo avión. Y sobre todo NO REUNIONES. 

[Segunda interrupción: en vez de esperar a llegar al final del artículo, fui a mi agenda a buscar el screenshot que te comparto]

Este sistema de bloques para tareas ya lo había implementado para obligarme a ser disciplinado en temas de venta y administrativos. Fue difícil, pero me ha ayudado a mantener todo en carril correcto sin que la vida se me vuelva un caos. 

Por supuesto, no es que ahora sea un monje zen inmune a las distracciones presente 100%. Todavía me distraigo muchísimo. Pero al menos he logrado resistir varias tentaciones de salir de acá después de la última interrupción que te conté unos párrafos arriba. 

¿Cuántas veces has cambiado el foco de tu atención mientras lees este artículo?

En un mundo donde la información es infinita, tu capacidad de atención y enfoque es un recurso clave para marcar una diferencia como líder. Porque decidir, una de las responsabilidades más trascendentales de cualquier liderazgo requiere ese foco y esa atención.

Así que antes de despedirnos, te invito a que realices tu propia auditoría de atención. 

Solo cuenta. No juzgues, no corrijas. Solo observa cuántas veces rompes tu flujo de atención en una tarea importante en un día normal.

Ya que tengas el número, ganarás algo igual de valioso que la atención: conciencia.

Con gratitud (y atención semi-renovada),

 Gus