El artículo de esta semana está inspirado en el tema del programa que daremos esta semana en Guasave [y en un breve guiño nerd a Star Wars]. La convocatoria cerró con sold out y eso ya nos confirmó algo potente. Así que regresamos la próxima semana con una segunda fecha. Y con mucho interés en llegar a nuevas ciudades con este programa.
Pero vamos a lo nuestro.
La semana pasada te escribí acerca del problema de echarle a la falta de motivación la culpa de todos los problemas de un equipo o una organización cuando en realidad lo que falla es la estructura.
Pero hay un vértice desde el cual la motivación puede ser un indicador útil.
“Mi equipo está agotado. Todo el mundo anda apagando incendios y ya nadie piensa con claridad”.
Si has dicho estas palabras. O si la has escuchado en alguno de tus managers, sabes que lo peor que puedes hacer es ir a dar una charla motivacional.
Pero vale mucho la pena que te detengas a preguntar si acaso ese equipo no está bajo un exceso de presión.
Hoy es una realidad que todos sentimos una realidad cada vez más pesada sobre nuestros hombros.
Esta percepción, paradójicamente convive con algunos de los indicadores más auspiciosos en la historia de la humanidad en materia de prosperidad, salud, longevidad y ausencia de violencia.
Sí si, sé que las noticias que viste anoche me hacen sonar como un loco. Pero esto es precisamente parte del problema. Porque mucho de lo que culpamos en el contexto y el entorno cuando hablamos de presión, realmente es algo que ocurre dentro de nosotros mismos.

La realidad cruda es que allá afuera las cosas no se pondrán más sencillas. La paradoja es que en promedio todo parece mejorar, pero en nuestra experiencia de vida diaria, parece que sencillamente es demasiado. Mucho dato, mucha info, mucha novedad, mucha crisis.
Debemos aprender a vivir con ello. Y una de las mayores dificultades para nosotros como líderes es no dejar que la presión aumente dentro de nosotros mismos.
Si tú interpretas todo como crisis, como urgente, tu equipo opera en urgencia. Si tú lees todo como amenaza, tu equipo lee amenaza. Si tú vives reactivo, tu equipo reacciona.
Así es el liderazgo, nos guste o no.
Un chequeo de presión, desde Liderazgo con PIES Firmes
Antes de salir a “bajarle la presión al equipo”, vale la pena pasar tu propio filtro por las cuatro dimensiones del modelo. Cuatro preguntas, una por dimensión:
Personas: ¿Estoy yo en condiciones de leer bien la realidad hoy, o estoy operando desde el cansancio, el miedo o la prisa?
Influencia: ¿Qué señales le estoy mandando al equipo sin darme cuenta? (Mensajes a las 11 p.m., reuniones convocadas en pánico, tres “urgentísimos” al día.)
Estructuras: ¿Cuántas de las “urgencias” actuales lo son realmente, y cuántas son ruido que no hemos jerarquizado?
Sentido: Si le preguntara hoy a cada persona del equipo para qué hacemos lo que hacemos, ¿obtendría respuestas parecidas, o cada quien está corriendo en una dirección distinta?

Mi experiencia acompañando líderes es que cuando hacen este chequeo con honestidad, descubren que la presión comienza a ceder y las cosas comienzan a ocupar su lugar en la medida en la que ordenan su propia mente.
Y eso sí está bajo tu control.
Nos vemos en Guasave esta semana. Y la próxima.
Con gratitud,
Gus
PD: Este jueves estrenamos nuevo episodio del podcast. Si no has escuchado el segundo episodio, puedes hacerlo acá: https://open.spotify.com/episode/4dnbyLEuXc95zC4gxQ2DHW?si=af22b36475114751

