Disclaimer: Si no te gusta el fútbol puedes pasar de esta edición de Círculo de Líderes, porque por acá ya nos agarró la fiebre mundialera.
El jueves pasado, poco más de 80 mil personas llenaron el Estadio Azteca (nunca lo llamaré de otra manera) para ver al Tri inaugurar la tercera Copa del Mundo 2026 y triunfar en su primer juego.
Pero la verdad es que los días previos esto no se sentía como una fiesta. Entre las críticas a los precios de los boletos y a las deficiencias en la gestión del gobierno federal, el ruido fue mucho. Y también fue mucha la nostalgia. Que los mundiales del 1970 y 1986 sí fueron para el verdadero pueblo y la afición futbolera. No para turistas e influencers.
Cinco días después, la pelotita está rodando. Los partidos emocionan. Los estadios se llenan. Y la historia se está escribiendo igual. Pero a más de alguno (yo incluido) le está costando trabajo aceptar algunas de las novedades de este mundial.

¿Todo tiempo pasado fue mejor?
Esta pregunta me la hago bastante a menudo. Muchos datos dicen que el mundo es hoy un lugar mucho mejor para nacer que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad. Pero por alguna razón, somos adictos a la nostalgia.
Quizás tenga que ver con otra frase clásica. “Más vale diablo conocido que diablo por conocer”. Los problemas del pasado, ya domesticados, nos parecen preferibles que los nuevos retos del presente y del futuro.
Antes de que existiera el VAR [si no eres futbolero y sigues leyendo, puedes saber qué es aquí], sólo el criterio del árbitro definía la impartición de justicia en un partido. Recuerdo en infinidad de ocasiones caer en el cliché de reclamar al árbitro un cobro injusto. Folclore futbolero en su máxima expresión.
A la fecha, el VAR sigue sin convencerme. Y aún así me he visto gritándole a las líneas que aparecen en la pantalla para justificar algún gol anulado por milímetros. Cambia el villano. Pero la indignación permanece.
La nostalgia tiene una ventaja enorme sobre otro tipo de argumentos: busca generar una empatía que dificulta refutar. La idealización del pasado es seductora. Un lugar feliz del que muchos no quieren salir. Aunque ya lo hayan hecho.
Hasta ahora, no ha salido el líder con la bola de cristal infalible. Abandonar el pasado y lanzarse a la construcción del futuro requiere siempre una dosis de fé en que el futuro será auspicioso. Y por cierto, lo nuevo no siempre es bueno.
La resistencia al cambio, tan vilipendiada, a veces tiene una cara más amable. Cuando se trata de evitar modificaciones que de plano parecen sólo ser problemáticas. Tal como esos malditos recesos de hidratación que nos están enchufando en este mundial.

Una cuestión de valores y perspectivas
Si eres un líder enfrentando un proceso de cambio, debes analizar muy bien la forma en la que vas a lidiar con la nostalgia. Y para ello, tus principios y valores son clave. Y también lo es la perspectiva.
En la previa de la inauguración, el director de cine mexicano Alejandro González Iñárritu (ganador de dos premios Óscar por Birdman y The Revenant), criticó fuertemente los precios de los boletos para el Mundial 2026. Lo hizo a través de la nostalgia.
Refirió a ese pasado dorado en el que su padre logró, con una situación económica modesta, llevarlo a él y a su familia al mítico partido entre Argentina e Inglaterra en el mundial de 1986. Ese partido de la mano de dios y del gol más espectacular en la historia de los mundiales.
Si eres la FIFA, la decisión de subir el precio de los boletos te parece espléndida. Los estadios siguen llenos. Pero si eres una familia de ingresos limitados, seguramente te parece todo lo contrario.
¿Cuál perspectiva vale más? Si te tomas en serio el ejercicio de responder esta pregunta, te tocará ir a esa zona de tu cerebro en la que se ubica tu brújula moral. Y recurrir a tus principios y valores.
Piensa un segundo en los trabajadores de Meta que fueron desvinculados después de un “entrenamiento” que monitoreó y registró todo lo que hicieron en sus computadoras. Para luego usar esa información para entrenar a la IA que los iba a reemplazar.
Nuevamente, ¿cuál perspectiva vale más?
Como líder, es importante que sepas que tú labor e influencia en algún momento también despertará nostalgia. Alguien defenderá ese “antes” en el que tú aparecías como la principal referencia.
Y cuando eso pase, debes estar alerta y no encantarte demasiado. No vaya luego a venir la FIFA a cambiarte las reglas.
Con gratitud y emoción mundialera,
Gus

