La llegada del coaching ejecutivo

junio 23, 2026

Durante mucho tiempo, “coaching ejecutivo” fue una etiqueta que me negué a ponerme. Y en breve te explicaré las razones. Pero ha llegado el momento de “tragarme ese sapo”.

En los primeros artículos de Círculo de Líderes escribí que con el coaching ejecutivo pasaba algo parecido a lo que pasa con la palabra “propósito”: de tanto usarse, se había vuelto una palabra talismán.

Bajo el mismo paraguas caben quienes hacen un trabajo serio y riguroso, y quienes prometen transformación instantánea, frases para guardar y recetas mágicas que no resisten la prueba de la realidad.

Yo no quería que me confundieran con eso. Así que durante meses preferí probar suerte con términos como “acompañamiento”, “formación”, “Sprint de Liderazgo”. Cualquier cosa menos coaching.

Pero en estos meses, trabajando junto a mi equipo la estrategia de marketing de Aquí se Aprende Liderazgo, aprendí que muchas de las personas que más se beneficiarían de lo que hacemos no buscan “acompañamiento de liderazgo multidimensional”. Buscan coaching ejecutivo. Así, directo al grano.

Negarme a usar estas palabras no me está haciendo más noble ni más íntegro. Me hace más difícil de encontrar.

Así que hemos decidido no sólo usar el concepto, sino apropiarnos de él. Escribir, con todas sus letras, qué entendemos nosotros por coaching ejecutivo. Y qué no.

Lo que NO es

Empiezo por esto, para explicarte de dónde nació mi desconfianza.

En distintos momentos de mi carrera, me tocó cruzarme con coaches en distintas etapas de su camino. Desde algunos en formación hasta otros más avanzados.

En general, mi percepción fue siempre que estas personas buscaban más un efecto inspiracional. Y que muchas de las técnicas y estrategias en las que los entrenaban se sentían forzadas sobre quienes en su momento fuimos conejillos de india.

Coaching ejecutivo no es una conversación inspiracional. Tampoco es una colección de técnicas puedas en secuencia. No es consultoría ni mentoría. Y por cierto, tampoco es terapia.

Lo que SÍ es

La forma corta de explicarlo es esta: El coaching ejecutivo es la construcción de una relación de trabajo rigurosa, confidencial y profundamente humana en la que coach y coachee comparten una agenda de objetivos por lograr. Vamos a desarrollar esta idea.

Hablo de rigor porque esto no se trata de improvisar y generar buenas vibras. En el caso de nuestros programas, lo que ofrecemos está diseñado sobre una base de distintos modelos que aportan un valor intencional. Y que requieren una ejecución firme y al mismo tiempo sensible.

Confidencial, porque sin un espacio seguro nadie se atreve a decir lo que no se calla en otras partes. Los miedos, las inseguridades, las rabias.

Y profundamente humana, porque ninguna herramienta reemplaza la creación de una conexión real. Necesaria para poder acompañar y sostener a un líder en los momentos difíciles.

Pero hay más.

Otra idea clave es que el coach no está ahí para ser la persona que más brilla en la conversación. Durante estos años he trabajado con personas que considero sinceramente extraordinariamente inteligentes. Aprender a su lado ha sido uno de los principales privilegios de esta nueva etapa en mi carrera.

En estas conversaciones, la escucha profunda y las preguntas juegan un papel fundamental. En un buen proceso, buscamos sobre todo aumentar la capacidad de producir gradualmente respuestas a esas preguntas. Y llegar a hacerlo con autonomía, sin la necesidad de considerar el acompañamiento de un coach como una muleta sin la cual no puedes avanzar.

Confianza y desafío funcionan como dos caras de la misma moneda. El contrato de seguridad psicológica que se firma al inicio de cada proceso convive con la obligación de ir a lo incómodo cuando sea necesario. La confianza es, justamente, lo que permite confrontar de manera constructiva.

¿Y los PIES Firmes?

Si lees este newsletter desde hace un tiempo sabes que el modelo de Liderazgo con PIES Firmes es parte fundamental de nuestra labor.

Es la herramienta que nos permite tomar de la mano a nuestros clientes y avanzar con ellos. Un líder no existe en el vacío. Lidera personas en equipos, opera dentro de estructuras organizacionales, participa en dinámicas de poder y forma parte de organizaciones vivas, con valores, símbolos y rituales que le dan alma.

Por eso un buen coaching ejecutivo no puede reducirse a trabajar tu personalidad o tus hábitos. Tiene que ayudarte a mirar, al mismo tiempo, tu mundo interior y el sistema en el que actúas.

Ahí es donde el modelo de Liderazgo con PIES Firmes es la brújula del proceso de coaching:

  • Personas: ¿cómo estás leyendo las necesidades de tu gente, y cómo haces para construir relaciones de confianza a tu alrededor?
  • Influencia: ¿qué intereses, alianzas y tensiones de poder estás navegando?
  • Estructuras: ¿qué tan bien funciona actualmente la arquitectura de tu organización, sus procesos y dónde hay mejoras qué hacer?
  • Sentido: ¿qué historia estás contando sobre el propósito de tu trabajo y mediante qué valores y símbolos la defiendes?

El coaching ejecutivo, entendido así, no busca fabricar un tipo ideal de líder. Busca que desde tu imperfección humana amplíes tu mirada, tu repertorio y tu capacidad de actuar con conciencia. En una palabra que ya te he repetido por acá: que proceses mejor la complejidad.

Una última cosa

Hasta acá, hemos dejado afuera una parte fundamental en la ecuación. Tú.

Como en cualquier relación exitosa, las cosas sólo funcionan cuando hay dos lados trabajando de manera armónica.

Para vivir un proceso de coaching ejecutivo productivo, debes tener voluntad real de observarte, apertura a recibir feedback incómodo. Y sobre todo, hacerte responsable de cumplir tus compromisos y de los efectos de tus decisiones. Si sientes que ha llegado el momento de vivir esta experiencia para amplificar tu liderazgo, estaré ahí para ti.

Con gratitud,

Gus